El arte de Quentin Tarantino.

Reservoir Dogs (1992)

Música western, algo de surf rock, muchos tiros, mucha sangre, venganza, nazis, escenas de acción, cultura japonesa.
Estas son sólo algunas de las características de las ocho películas de Quentin Tarantino, que luego del éxito mundial de Reservoir Dogs en 1992 (la revista Empire la denominó “la mejor película independiente de todos los tiempos”) no hizo más que crecer y romper récords de todo tipo.

Comenzó su carrera en un local de alquiler de películas en Hollywood, nada de escuelas de cine para él.
Su fetiche y picardía consistía en prestar atención a las películas que la gente miraba, y hacer muy buenas y acertadas recomendaciones a sus clientes.

Mientras trabajaba escribió dos guiones que primero no conseguían productores y luego del éxito alcanzado con Reservoir Dogs, recaudaron millones: True Love, dirigida por Tony Scott en el ‘92, y la fantástica Natural Born Killers, llevada a la pantalla por el genio Oliver Stone en el ‘93.

El boom tarantinesco comenzó cuando Reservoir Dogs, que estaba destinada a ser una película con actuaciones de conocidos de Quentin y hasta él mismo, llegó a manos del productor Lawrence Bender.
Bender se enamoró al instante de la trama y de lo sencilla pero bien planteada y entretenida que era, y le pidió a Tarantino que lo dejara mover algunos contactos para llevarla a cabo.

Desde entonces ha producido la mayoría de los proyectos de Tarantino, excepto Django y Death Proof.
Con Harvey Keitel como coproductor y actor del proyecto y un cast alucinante (Michael Madsen, Steve Buscemi, Tim Roth, entre otros), la película se rodó en menos de un mes y cosechó elogios enormes en la industria cinematográfica.
Triunfó en el festival Sundance al generar gran revolución en los críticos y la audiencia presente, pero no se llevó ningún premio; sin embargo no era lo que Tarantino buscaba: su impacto ya estaba hecho.

Es un historia sin complicaciones: un grupo de hábiles ladrones son reclutados por Joe Cabot (Lawrence Tirney) para robar una joyería, y todos confían en que el golpe será un éxito… pero nada sale como lo esperaban.
Durante el robo son rodeados por la policía en un tiempo menor al calculado por ellos, lo que los hace sospechar que hay una
rata dentro del equipo.

Ninguno de los hombres conoce el verdadero nombre de sus compañeros y se manejan con alias de colores a lo largo de la película, y al reunirse los restantes miembros del golpe luego de la emboscada policial, comienzan los interrogatorios y las elaboraciones de distintas hipótesis, ¿quién los delató y por qué lo haría?
Lo que capta nuestra atención desde el momento cero es su rapidez y la manera en la que fluye la trama: se divide (otro clásico recurso de Tarantino) en “capítulos” que relatan cómo llegan los ladrones a reunirse bajo la tutela de Joe, y el bagaje personal de cada uno (los personajes principales al menos).

También nos muestra la organización criminal y la vida diaria de los distintos personajes, y mediante el guión deja ver y percibir las distintas personalidades que forman este grupo tan heterogéneo.

Tiene una bellísima edición que la lleva a ser una película fácil y entretenida de mirar, lo que no es nada sencillo al tener tanto diálogo y escenas con mucho movimiento e información al mismo tiempo, pero transcurre sin problemas, e incluso parece escurrirse entre nuestros dedos.

Nos quedamos con ganas de saber más acerca de estos hombres, de sus intenciones, de dónde vienen y de sus personalidades, y eso es lo destacable: en una hora y cuarenta minutos, Quentin Tarantino nos adentra en este mundo de ladrones freelance que queremos conocer más, y que luego cierra de una manera espectacular.
La interpretación de los personajes por parte de los actores y mismo el guión y su adaptación son lo que más brilla en la película: Tarantino siempre sostiene que para obtener 
los mejores resultados hay que contratar a los mejores y más competentes profesionales en su campo.

Con las performances en Reservoir Dogs nos queda claro que entiende cómo manejar sus proyectos a la perfección, cada actor le da su impronta al personaje que traen a la pantalla y nos llevan en un camino que nos entretiene, sorprende, y no nos da respiro.
No cuenta con grandes escenarios y quizá eso es lo que más sorprende; la mayor parte de la película se divide entre un almacén y el despacho de Joe, pero nos da momentos de máxima tensión, mucho entretenimiento y varias referencias musicales y cinematográficas que la llevan a ser considerada una película de culto.

Por siempre una de las joyitas tarantinescas y definitivamente recomendadísima para revisitar o experimentar por primera vez (la encuentran en Netflix), Reservoir Dogs lo tiene todo: buen reparto, un guión excelente, una edición perfecta, una trama sencilla y muchas escenas que nos dejan entrecerrando los ojos con un poco de repulsión, porque por supuesto, nunca faltan las escenas de un casi soft gore en las obras de Quentin.

 

 

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